21 de abril de 2013

Fragmentos

Aquí os dejo unos fragmentos del Libro:


CAPÍTULO 1

Comenzando el camino

Llevábamos diez años viviendo juntas. Diez años desde que nos conocimos. Nunca he amado a nadie como amo a Almudena. Pensaba que antes me había enamorado, pero no descubrí que nunca lo había estado hasta que la conocí a ella. Me ha dado los momentos más felices de mi vida y después de tantos años, toda pareja debe evolucionar. Comencé a pensar, que ese era nuestro momento. Momento en el que pasar al siguiente nivel.
Para una pareja de mujeres hace trece años ya, querer ser mamás no era algo fácil. Acababa de legalizarse el matrimonio homosexual, y ahora era la sociedad la que tenía que acostumbrarse. Tampoco era difícil, vamos, pero dudas y miedos impedían que ninguna de las dos diese el paso de poner en marcha nuestro proyecto de vida. Si toda pareja se plantea si serán buenos padres, si harán feliz a su hijo, si sabrán educarle, nosotras, que no sabíamos a lo que nos enfrentaríamos, pues todavía más.

Pero un día, algo pasa, una conversación trivial, y se te activa el chip de la maternidad.
A mi me pasó así:

Tomábamos café Celia y yo. Trabajábamos en el quirófano de una clínica privada. Como cada año, en época de Navidades, no teníamos cirugías programadas, así que nos dio tiempo a charlar. No hacía mucho tiempo que nos conocíamos, pero habíamos conectado. Me miró muy seriamente, y me dijo que tenía que contarme una cosa muy importante, que necesitaba decírmelo desde hacía varios días, y que de ello dependía nuestra amistad.
Yo por dentro, me moría de risa. Sabía lo que iba a decirme, pero era una situación, que había vivido, ya varias veces al revés, y esta vez quería ser la parte contraria. Así que, me puse seria y escuché:

—Soy lesbiana, y salgo con un chica desde hace unos meses —me dijo.
—Y yo también. Y vamos a tener un hijo —dije tranquilamente, y con una sonrisita.

No sé porque lo dije. No pensaba lo que decía. Pero al escucharme, me di cuenta de que lo sentía. Que ese sentimiento, llevaba tiempo queriendo salir.
Se rió, pensando que no me lo creía, y que estaba bromeando.

—¡Que sí! ¡Que soy lesbiana! ¡En serio! —Me contestó.
—Y te digo, que yo también. ¡Y voy a tener un hijo!

Sorprendida, me miró. Reflexionó un segundo, y se echó a reír.

—¿Cómo que vas a tener un hijo? Pero ¿Qué dices?
—Que sí, que necesito ser madre. Y hoy mismo tengo que hablar con mi novia —contesté.

Así lo verbalicé. Y me sorprendí a mi misma al escucharme, pero supe que era lo que deseaba y necesitaba, desde hacía muchos años. En ese mismo instante, comenzaron a aflorar todos mis miedos.
Hacía pocos años, que se nos había reconocido el derecho al matrimonio. Por lo tanto, parejas de mamás casadas, no podía haber muchas. Y sus hijos, no podían haber llegado a la edad de escolarización. Nosotras no pertenecíamos a ninguna asociación, o colectivo de lesbianas, y no sabíamos qué estaba pasando. Tanto para bien como para mal.

Lo que más nos inquietaba era, el momento en el que el bebé creciese, y comenzase a relacionarse con otros niños. ¿Cómo le tratarían en el cole, sabiendo que tiene dos mamás? Y esta, era una cuestión que me atormentaba. Con lo comunes que son los casos de mobbing entre adolescentes, y con lo crueles que pueden llegar a ser los niños.

Pero si había que luchar, se lucharía. No permitiría que eso nos frenase.
En ningún momento dudé que seríamos unas madres maravillosas, ya que tengo la convicción que no es un modelo de familia lo que hace feliz a un niño, sino el amor que le rodea, que le envuelve cada día. Que se le respete y cuide. Y nosotras teníamos mucho amor para darle. Así que ya era hora de dejar atrás mis miedos, y enfrentarme a mi vida. Y si hacía falta, con el mundo.

Y llegó el momento de dar el primer paso: Almudena.

Almudena llegó de trabajar, y le conté la conversación que había tenido con Celia. Se rió hasta que le conté lo del bebé. Ahí se puso seria. Me escuchó. No le pareció un buen momento. ¿Qué pasaría con el trabajo? Me preguntó. Para realizar un tratamiento de fertilidad hay que hacer mil pruebas, y no tendría tiempo.
No. No era el momento.

Pero ¿Cuándo es el momento? No puedo negar que sentí una gran decepción. Necesitaba que ella lo deseara. Era un asunto de las dos. Si no estaba preparada debía darle un poco más de tiempo, pero me hubiese gustado que sintiese lo mismo. Que nuestros deseos, se hubiesen despertado en nuestros corazones al mismo tiempo. Pero no fue así.

Respecto al asunto del trabajo, no me preocupaba. Tenía las ideas muy claras. Cuando el bebé tuviese cuatro meses, me incorporaría. En el barrio había mil guarderías donde podrían atenderle perfectamente. Y continuaríamos con nuestras vidas. Estaba feliz con mi trabajo, y no pensaba abandonarlo.
Por supuesto, esto no pasaría, pero en aquel momento la idea de ser madre trabajadora la tenía grabada a fuego. ¡No podía convertirme en la mamá maruja! Ocupada, únicamente de los niños y de la casa…
¡Ains! Cuántas veces decimos cosas, desde el desconocimiento, y luego te sorprendes haciendo todo lo contrario… Pero no sabía lo maravilloso que es ver crecer, día a día, a tus hijos. Esto lo descubriría más adelante.

Mientras, no me quedaba más remedio que imaginarme nuestro futuro. ¿Cómo sería nuestra vida con un bebé? Tenía que ser algo maravilloso. Despertarme y verle dormidito. Sentir su piel, su olor. Escucharle reír. Deseaba tanto ver a Almu jugar con nuestro bebé. Verlos reír. Sólo de imaginarlo me sentía muy feliz. Y algo me decía que podíamos conseguirlo.

Dando tiempo al instinto sí o sí.

Y llegó la primavera, que la sangre altera, y vamos que si yo estaba alterada. Quería ser madre. Ya estaba en esa fase en la que ves embarazadas por todas partes. Te llegan noticias de que todas tus conocidas lo están, y cuando ves bebés, el corazón se te encoge. Miras los parques de otra forma, ¡Yo quería estar ahí en unos años con mis hijos! Tenía que hacer algo.

Pero también tenía miedo a que Almu necesitase más tiempo, que siguiese pensando que en ese momento el trabajo era un obstáculo, y algo imprescindible. Mis turnos rotatorios no era lo más recomendado para un tratamiento de fertilidad. Descansar, y tener la cabeza en su sitio era básico. Además, pondría en riesgo mi puesto, ya que no era fija y en Sanidad se prefiere contratar a mujeres sin cargas familiares.

Mi instinto maternal me inundaba y me ahogaba cada mañana que amanecía sin poner en marcha el «Plan bebé». Avanzar comenzaba a hacerse vital. Así que sin comentar nada a nadie cogí el teléfono y llamé.
Pedí una cita en la clínica de reproducción asistida. Cuando colgué el teléfono, me temblaban las piernas, pero irradiaba felicidad. ¡Estaba entusiasmada!

La clínica, fue el IVI (Instituto Valenciano de Infertilidad), la mejor clínica en investigación de reproducción asistida en España. Había escuchado que estaban los mejores profesionales, y que tenían sedes internacionales, por lo que el donante no tendría que ser español. Muchas familias tienen miedo a que sus hijos se casen con «hermanos». Yo creo que el mundo es demasiado grande, pero vamos, que si el banco de semen era internacional, pues mejor.
¡Una pasada de sitio! Llevaba varios años escuchando sus investigaciones en las noticias y cada vez que hablaban de ellos pensaba que cuando decidiéramos el momento de ser madres, les elegiríamos a ellos. Y ahora tenía una cita. Me parecía increíble.

Por la tarde mi mujer, en su día mi novia, llegó del trabajo como cada día. No permití ni que se quitara el abrigo. O se lo contaba o explotaría.

—Almu, ¡Para el 28 de agosto! —Le dije emocionada.
—¿Qué pasa en agosto? —Me preguntó con curiosidad.
—¡La cita! ¡La cita del IVI! ¡Para la inseminación! —Le grité intentando contagiarle mi alegría. Pero no pasó así.
No puedo decir que diese saltos de alegría, pero la conocía, la conozco tan bien, que sabía que aunque su instinto maternal no estuviese aflorando en ese momento, llegaría y disfrutaría del bebé casi tanto como yo. Aunque nunca pensé que la maternidad nos cambiaría tanto.
Me abrazó y dijo:

—¡Pues adelante!



Espero os haya gustado. Si queréis seguir leyendo:



Pilar

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Una Familia de Dos Mamás

"Una Familia de Dos Mamás" en InviTRA, 1ª Feria de Reproducción asistida de España, octubre 2013

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